Aún con todo por decidir, Donald Trump denunció en plena noche electoral un “intento de robo”, un “fraude” en las elecciones supuestamente perpetrado por contrincante el demócrata Joe Biden, incluso se autoproclamó ganador. En las horas posteriores, alimentó en Twitter esta teoría, que cala en parte de su electorado, y varios de ellos, hostiles, han vuelto a los centros de votación, algunos armados, preguntando qué ha ocurrido con sus votos
Desde la tarde del miércoles y hasta la madrugada del jueves, aproximadamente 150 republicanos se agolparon a las puertas de estos centros en Phoenix, en el condado de Maricopa, en Arizona, uno de los estados que deciden estas elecciones a la Casa Blanca de 2020, pero no sólo allí.
Las imágenes inundan las redes sociales. Por el momento, los manifestantes no han pasado de las proclamas o los gritos, sin altercados. Eso sí, presionan a quienes ultiman un escrutinio clave para el futuro del país.
“¡Cuenten todos los votos!”, gritan partidarios de Trump que lucen su conocida gorra roja de ‘Make America great again’ y banderas o que portan rifles A-35 y otras armas de fuego, cuenta la prensa local. Cargan contra Biden e incluso contra las cadenas de televisión, incluida la Fox, que en sus sondeos han dado como ganador al aspirante demócrata Joe Biden.
Biden también quiere que se cuenten todos los votos, según expresó en su última comparecencia, tras escuchar a Trump pedir que se anularan los anticipados.
“La única forma en que Biden puede ganar Arizona es mediante el fraude”, dice uno de los manifestantes, de 67 años, a The New York Times. “No aceptaré una victoria de Biden. No quiero vivir bajo el régimen comunista”. Las autoridades temen que las protestas, hasta el momento controladas, vayan a más en caso de que se confirme la victoria de Biden, ya que no parece que Trump vaya a poner fácil su salida de la Casa Blanca. Tanto es así que un “ejército” de 8.500 abogados pelea estado a estado para que gane las elecciones en los tribunales.
“Estamos preparándonos para una gran victoria”, proclamó Trump la noche electoral a falta de millones de votos y numerosos estados por resolverse y en un momento en el que hasta sus medios afines auguraban el fin de sus días en Washington. La estrategia no se detuvo: su objetivo es que el proceso acabe en el Tribunal Supremo, donde cree tener opciones después de uno de sus movimientos clave antes de que se abrieran las urnas.
Pero no sólo el Partido Republicano es quien habla de “fraude”: Destacados líderes, entre ellos los poderosos senadores Mitch McConnell y Marco Rubio, se han mantenido al margen de las acusaciones de irregularidades del presidente. McConnell, quien es el líder de la mayoría republicana en el Senado y uno de los aliados de Trump, ha llamado a que los candidatos se adapten “a las reglas de cada estado”.
“Tomarse días para contar los votos emitidos legalmente NO es fraude”, escribió por su parte Rubio en su cuenta en Twitter. Horas antes, Rubio había asegurado en otro mensaje: “El resultado de la carrera presidencial se conocerá después de que se hayan contado todos los votos legalmente emitidos”.
En la misma línea se pronunció el exgobernador republicano Chris Christie, quien aseguró a la cadena ABC News que hay que dejar que el proceso se desarrolle antes de juzgarlo como defectuoso: “Es una mala decisión estratégica, es una mala decisión política y no es el tipo de decisión que se esperaría que tomara alguien que ocupa el cargo que ocupa”.
Este sitio utiliza cookies.