Los alumnos de la escuela Profesor Raúl Brasil creyeron que los ruidos que escucharon eran fuegos artificiales, ecos tardíos del carnaval hoy a las 9:00 h de la mañana. Pero lamentablemente pronto descubrieron de que tenían el horror delante de sus ojos y bajo el mismo techo. Luiz Henrique de Castro y Guilherme Taucci Monteiro tenían 25 y 17 años estaban matando a sus compañeros dentro de su escuela.

Entraron encapuchados al colegio público de la periferia paulista donde todos los días ingresan unos mil estudiantes. Uno de ellos tenía en su campera el dibujo de una calavera que no era otra cosa que el anuncio de al menos diez muertes, cinco de ellos menores.


Primero atacaron al empleado de un lavadero de autos vecino. Luego entraron a la escuela y dispararon contra la coordinadora pedagógica y otra funcionaria. De inmediato se dirigieron al patio y abrieron fuego. De ahí siguieron hasta al centro de lenguas. Los asesinos habían utilizado un revólver calibre 38, machetes y una ballesta, como si hubiera querido vivir su propia versión de Battle Royale.


La policía llegó ocho minutos más tarde cuando la pesadilla se había consumado y se encontraron con los cuerpos sin vida de los atacantes: se habían suicidado. “No querían algo de valor ni de venganza. Solo matar a todo el mundo”, dijo un superviviente. “Es la escena más triste que he visto en toda mi vida”, dijo el gobernador paulista João Doria.