“Nahhh y encima verdeee!!! Ford Falcon, con un baúl mejorado apto para acarrear zurditos llorando”, escribió la dirigente, que también se desempeñaría como docente en una escuela primaria de Montecarlo. La frase fue acompañada por emojis de risa, y citaba una publicación previa que celebraba el diseño moderno del vehículo.
El color verde y el modelo Ford Falcon tienen una connotación histórica en el país. Durante la última dictadura militar (1976-1983), este tipo de autos fue utilizado en operativos clandestinos por fuerzas de seguridad para secuestrar y desaparecer personas. La combinación de la mención al baúl —lugar donde solían ser trasladadas las víctimas— y la referencia a “zurditos llorando” provocó el repudio de distintos sectores políticos, sociales y educativos.
El caso adquirió especial gravedad al tratarse de una funcionaria electa y, además, docente de niños de quinto grado. Desde distintos espacios, se cuestiona si alguien con ese tipo de manifestaciones públicas puede ejercer cargos públicos o formar parte del sistema educativo.
El mensaje circuló rápidamente por redes sociales, generando pedidos de sanciones.
La polémica se suma a una serie de episodios recientes en distintas localidades del interior del país, donde se detectaron discursos de odio o reivindicaciones simbólicas del pasado represivo argentino. En este contexto, el episodio en Montecarlo vuelve a abrir el debate sobre los límites del discurso público, la memoria democrática y el rol de los funcionarios en la construcción de una sociedad plural.
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